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El búnker de Renca

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La Línea 7 (L7) será la más moderna de la red de Metro y conectará Renca con Las Condes, aliviando la saturada Línea 1. Es una gran noticia para los capitalinos, salvo para el alcalde de Renca, Claudio Castro, que acusa discriminación porque las cocheras y talleres de la L7 se ubicarán en su comuna y no en Las Condes.

Como compensación exige que esas cocheras y talleres tengan el mismo tratamiento que Américo Vespucio Oriente (AVO): deben ser subterráneas y con un parque en su superficie, además de equipamientos. Para ello hay que hundir 175 mil metros cuadrados de edificios y taparlos con una losa de hormigón del tamaño de 24 canchas de fútbol, que limitará la altura de los árboles como ocurrió en Plaza Egaña. Lo peor es que ello ocurriría en las afueras de Renca, en un sector con más sitios eriazos que habitantes.

¿Y cuánto costaría este búnker? Nada menos que 400 millones de dólares, lo mismo que vale el Metro a Bajos de Mena o el hospital que falta en la zona norte de Santiago. El alcalde se defiende diciendo que AVO recibió un monto similar como subsidio, pero omite que esa inversión fue evaluada socialmente y se justificó por los ahorros de tiempo que percibirán los habitantes de 10 comunas entre Huechuraba y Puente Alto.

¿Qué justificación social podría tener un parque de concreto, pudiendo hacer uno de verdad por un 5% del costo? Ninguna, y por ello Metro ha construido sus cocheras y talleres en superficie. No lo hace en Las Condes porque el suelo es diez veces más caro y se retrasaría un año y medio la puesta en marcha de la L7, perjudicando a millones, incluidos a los vecinos de Renca.

Es cierto que han existido diferencias en la calidad de infraestructura de comunas ricas y pobres. Pero eso no ocurrirá con L7 que aplicará el mismo estándar en Renca y Las Condes, como lo hizo entre Cerrillos y Providencia en la Línea 6. Por eso es tan injusta la crítica de discriminación que se hace contra Metro, una empresa que destaca por su aporte en materia de integración social.

Tampoco es efectivo que Renca fue arruinada por las autopistas. Antes de Costanera Norte miles de vecinos enfrentaban tierrales con un río contaminado y sin canalización. Hoy miran un área verde, tajamares y puentes nuevos que llegarán al parque “Mapocho Río” que se construye en Cerro Navia. Además las autopistas detonaron una enorme inversión privada que mejoró los ingresos municipales y la diversidad social de Renca.

Tengo una buena opinión del alcalde Castro y de su gestión, pero creo que ha sido mal asesorado en esta polémica. En vez de atacar a Metro, debiera trabajar para capitalizar la gran oportunidad que se abre para Renca con la llegada de L7, una noticia que esperan muchas comunas con carencias que necesitan los 400 millones de dólares que cuesta el búnker que está pidiendo.

Fuente: http://www.latercera.com